miércoles, 8 de abril de 2009

Alejandro Zarate

Simple y amigable.  Así resulta “lo conocido” para casi todos.  Algo repetido que tiende a ser uniforme, garantiza un estado de libre acceso y circulación. 
Es común en Argentina el fenotipo del pelado velludo, un pasaporte a la virilidad que el metrosexual libero de la terrible diaria afeitada.

Cada ciudad tiene sus propios básicos, regidos por las costumbres y características  como son el clima y la cultura local.  Pero el Friday look se disperso como uniforme global.  Fue uno de esos fenómenos “inter” de mezclas, que se dieron en la moda a partir de finales de los 80.  Una imagen relajada sin perder  lo corporativo.
En la era de los servicios  y gracias a los Yuppies, los jeans irrumpen en las oficinas pero pasan desapercibidos mientras sus usuarios permanecen sentados laburando y solo exhiben su camisa entreabierta bajo el blazer. 
Los básicos de marca son un gran negocio y las ganancias se miden en rentabilidad por metro cuadrado.  Como las estéticas que les pueden resultar afines definitivamente deben estar depuradas y aceptadas socialmente, no van a estar a la vanguardia de la moda. Estarán vinculados a la practicidad, la conveniencia según los ámbitos y toques de temporada con muchísimo de mercadeo visual para el posicionamiento de marca. El asunto es de status, labels y calidades relativas.

Me pregunto si de tanto estar allí en el mismo lugar, la argolla y el reloj ya han calado su señal.

Comodidad es la política de la era soft.  Todo el vestuario pudo relajarse y deconstruirse menos el calzado.  Como indispensables en la carrera de las individualidades, en los zapatos se focalizo la responsabilidad de la diferencia, el estilo y el status…..“Por sus zapatos les reconocerás”  aconsejaba el manual de atención de una multinacional de cadenas de tiendas por departamentos.

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